jueves, 28 de febrero de 2013

El Cristo Hipercúbico o el Dalí herreriano y esotérico


Dalí alcanzó su madurez como pintor durante su "período místico". En esa época abundan pinturas de tipo religioso y exaltaciones patrióticas. Entre las primeras telas figura este "Cristo Hipercúbico" pintado en 1954 y que se puede admirar en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Del cuadro vale la pena notar tres elementos: la estructura de la cruz, el suelo ajedrezado y la presencia de Gala. 
No se trata, obviamente de una cruz griega, ni latina, es la llamada "cruz de las tres direcciones del espacio" que nace de la proyección de las seis caras de un cubo regular en las distintas direcciones del espacio. Esta cruz es la que había colocado Gaudí en todas sus construcciones y que Dalí confesó haberla incorporado tras la lectura de la obra de Juan de Herrera "Discurso sobre la forma cúbica". No ignoraba que Herrera estaba inspirado por Ramón Llull, el filósofo, místico y hermetista medieval. 
Al fondo del cuadro puede verse el paisaje de Port Lligat indicándonos el arraigo que siempre tuvo el pintor en su tierra natal. El suelo ajedrezado indica la dualidad de todo lo que está en el mundo sometido a esta ley (a diferencia de lo Absoluto que implica una superación de la dualidad, en la unidad
La presencia de Gala es, finalmente, una referencia al aspecto femenino del Cosmos que en aquellos momentos, Dalí empezaba a intuir y sobre el que luego tendría confirmaciones a través de lecturas sobre textos de la tradición tántrica. Todos estos elementos están coherentemente desarrollados en Dalí entre Dios y el Diablo, cuyo sumario encontrará en este mismo blog y que puede solicitar a eminves@gmail.com
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